La
última edición del informe Perspectivas
y estadísticas del comercio mundial, publicado por la OMC el 19 de
marzo, el cual nos deja algo claro que después de un 2025 bastante fuerte, el
ritmo del comercio global va a empezar a calmarse.
Para
ponerlo en contexto, el comercio de mercancías creció un 4,6% en 2025,
impulsado en gran parte por el boom de productos relacionados con la
inteligencia artificial y por empresas que adelantaron importaciones para
evitar posibles aranceles. Pero ese impulso no se mantendrá igual. Para 2026,
se espera que el crecimiento baje a un 1,9%, como parte de una “vuelta a la
normalidad”. Luego, en 2027, podría recuperarse un poco hasta el 2,6%.
Con
los servicios pasa algo parecido: crecerán, pero a un ritmo un poco más lento
en 2026 (4,8%), antes de repuntar nuevamente en 2027. En general, si sumamos
bienes y servicios, el comercio mundial crecería un 2,7% en 2026, bastante por
debajo del 4,7% del año anterior. Mientras tanto, la economía global también se
moderaría ligeramente, aunque sin grandes sobresaltos.
Ahora
bien, este escenario parte de una idea optimista: que los precios de la energía
no se disparen. Si ocurre lo contrario y el petróleo y el gas se mantienen
caros durante 2026, el panorama cambia. En ese caso, el crecimiento económico
global se recortaría, y el comercio también se vería afectado, especialmente en
los países que dependen de importar energía. El crecimiento del comercio de
mercancías podría caer hasta apenas un 1,4%, y el de servicios también perdería
fuerza.
A
pesar de todo, hay señales positivas. El comercio mundial ha demostrado ser
bastante resistente gracias al avance tecnológico, los servicios digitales y la
capacidad de las empresas para adaptarse a los cambios. Sin embargo, no todo
depende de la economía: factores geopolíticos, como el conflicto en Oriente
Medio, están generando presión, sobre todo por su impacto en los precios de la
energía.
Este
conflicto también está afectando rutas clave como el estrecho de Ormuz, por
donde pasa una gran parte de los fertilizantes que necesita la agricultura
mundial. Esto no es un detalle menor: si estos suministros se encarecen o se
retrasan, puede haber consecuencias directas en la producción de alimentos y en
los precios a nivel global.
Aun
así, no todo está perdido. Si la situación se estabiliza pronto y el gasto en
tecnología —especialmente en inteligencia artificial— se mantiene fuerte, el
comercio podría recuperarse más rápido de lo esperado. Incluso podría crecer un
poco más de lo previsto en los próximos años.
En
resumen, el comercio global sigue avanzando, pero en un terreno más incierto.
Todo dependerá de cómo evolucionen los precios de la energía, los conflictos
internacionales y, en gran medida, el impulso de la tecnología.
Información
obtenida del Perspectivas y estadísticas del comercio mundial de la OMC

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